Mi Experiencia En Gyumri

MarianaMariana Mardirosian
(Buenos Aires, Argentina)

Nervios, ansiedad y miedo.

Así me sentía minutos antes de que mi vuelo aterrizara en Zvartnotz, el aeropuerto super moderno de Yereván, el 29 de mayo de 2009.

Vahram, el chofer de Birthright, fue a buscarme.

En un principio no entendía nada, ni una palabra de todas las que me decía. Su armenio era tan distinto al que yo había aprendido en la escuela que no lograba captar nada de lo que intentaba comunicarme y eso hacia que me sintiera rara.

A las 9 am del día siguiente me encontré con todos los demás voluntarios que estaban trabajando desde hacía un tiempo en Yereván para hacer una excursión hacia los monasterios de Odzun y Kobayr.

Inexplicable la energía que sentí en mi primer día en Hayastan.

La gente, la tierra, el aire, las montañas, el cielo…

– “ Si éste fue el primer día, no me imagino todo lo que se viene!” pensé.

Y no me equivocaba. Dos días después partía junto a Azatuhi (otra voluntaria de Boston) hacia Gyumri, la segunda ciudad más grande de Armenia que sería nuestro hogar por dos meses. Otra vez los nervios, la ansiedad y el miedo, pero ahora con la primer dosis de energía armenia recibida.

Los días en Gyumri, desde el primero hasta el último, fueron maravillosos. Cada día que pasaba era mejor que el anterior.

Creo que fue la suma del todo lo que hizo que esta experiencia fuera tan buena.

Primero, mi “endanik”, mi “host family”, la familia Papikyan, compuesta por Arthur, Lusine, y sus dos pequeños hijos (Murad y Julia), con quienes conviví durante 60 días, me abrieron las puertas de su casa y me integraron como si fuera un miembro más de la familia.

En segundo lugar, el grupo de voluntarios que se fue formando (que llegaba a 18 personas de distintas partes del mundo cuando yo finalicé los dos meses de trabajo) también fue magnífico. Todos nos tratamos como hermanos, como amigos de siempre. Mágicamente, compartimos los mismos códigos, gustos y sentido del humor. Hicimos picnics, fiestas de cumpleaños, de bienvenida y de despedida, charlamos, compartimos experiencias, aprendizajes y clases de armenio,  nos aconsejamos y nos abrazamos.

En tercer lugar, todos mis compañeros de trabajo se mostraron siempre atentos y listos para ayudarme. Mi voluntariado consistió en tres trabajos diferentes (todos acordes a mis gustos y elecciones):

  • Shirak Competitiveness Center: en este centro preparé y di clases de español a jóvenes de Gyumri que estaban interesados en aprender el idioma.
  • Women for Development: es una ONG que tiene centros educativos en cinco pueblos cercanos a Gyumri. En este lugar trabajé junto a Cynthia, una estudiante de odontología de Canadá, y preparamos dos presentaciones diferentes que fuimos explicando por los distintos pueblitos: Genética e Higiene dental.
  • Gyumry Childcare Social Center: es un centro de día para niños con problemas de diferente índole: sociales, económicos, familiares. Jugamos con ellos, charlamos, enseñamos ingles y español, cantamos y por supuesto, aprendimos mucho de ellos.

Por ultimo, toda la gente de Gyumri en las calles, en el transporte público, en los bares, en todos lados, siempre nos recibieron con los brazos abiertos y una sonrisa en la cara.

Estos dos meses que pasaron fueron increíbles para mí.

Siento que se abrió una nueva puerta en la Armenia que llevo adentro.

Más real, más conectada, más cercana y más mía.

 

 

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