Retrospección y sonrisas

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Cristina Nerguizian
(Uruguay, ’12)

Pasaron ya dos meses desde que regresé a Uruguay,  y sigo sin poder enfrentarme al teclado de la computadora… Lo veo, lo utilizo, pero no puedo darle la orden de escribir acerca de mis impresiones sobre mi experiencia. Le huyo. Son tantas cosas que no sé por dónde empezar.

Es extraño, cuando tuve mi última conversación con Seván, director de Birthright Armenia en Ereván, le dije con seguridad que escribiría algo para el blog. Tan segura estaba, como inspirada. Es  que Armenia le dio rienda suelta a mi capacidad de expresión. Ahora, en el regreso a la rutina, todo cambia.

Si trato de comprender todo lo que viví como voluntaria en la Madre Patria, me quedan cabos sueltos sin unir. No hay que comprenderlo todo, hay que sentirlo y dejarlo ser. Así viví los tres meses de voluntariado, y así mi vida comenzó a desarrollarse luego.

Mi vida en la casa de Marianna y Hasmik estuvo llena de amor. No se limitaron a cumplir con lo que “debían” respecto a mi estadía allí. Todo fue desbordado de buena voluntad, cuidados como si fuera una más, y MUCHO amor. Entendí el porqué de muchas cosas.

Mi trabajo en Homeland Handicrafts me llenó de satisfacciones no solamente a nivel profesional sino a nivel humano. Conocí maravillosos seres humanos como las artesanas de varios pueblos, voluntarios de otras organizaciones, trabajé sumamente a gusto en equipo con Anita, voluntaria de Birthright Armenia y AVC como yo. Conocí a David, una caja de sorpresas! Nos comunicamos en “hai-nglerén”, y así y todo, pudimos entendernos. Tuve el privilegio de cruzarme en la vida con Tim, un “no armenio” más armenio que muchísimos “ian”. Toda esta gente tiene un móvil muy fuerte, la voluntad y el amor por Armenia, y la creencia de que un mundo mejor es posible.

¿El idioma? Fui sabiendo MUY poco, lo básico necesario para comunicarse con alguien. Sin embargo no solamente las clases de idioma armenio con Lusiné fueron sumamente enriquecedoras, sino mis charlas internacionales con mi familia, los voluntarios, el maravilloso staff de Birthright Armenia. ¡Y gracias a todo por su paciencia!

Respecto al idioma, siempre me enojé con aquellos que se creían “más armenios” por hablarlo, y sostenía que no era así. Sigo sosteniéndolo. Pero que te acerca, te acerca. Cuando me preguntaron cómo iba a seguir involucrada con la armenidad, contesté varias cosas, varios planes que tenía y sigo teniendo, y ya he empezado a poner en práctica. Pero la más importante y más simple de las respuestas fue: seguir estudiando armenio. Así es que, al día siguiente de mi arribo, ya estaba tomando lecciones. ¡Me siento muy motivada!

Conocer Artsaj me marcó para siempre. No sólo su tierra, sino la historia que conlleva. La historia que está transmitida por la gente, y que está escrita en la piedra, en las montañas. La valentía de este pueblo se respira por ahí. Shushí resultó lo que me había descrito una gran amiga. No hay vuelta atrás en mi ser, soy otra después de Artsaj. Y como si fuera poco, dudé por un momento si regresar. Es que ya había ido. Alguien que amo me dijo que no había lugar para la duda en estas circunstancias, así que volví a Artsaj. No fue un error. Una, dos y mil veces más.

Estar en contacto con voluntarios de otras partes del mundo, me hizo ver las distintas realidades de las colectividades armenias de la diáspora. Reforzó mi compromiso en distintos aspectos.

Y estar en contacto con la gente de Armenia me hizo ver, comprender, que las prioridades que nos hemos ido marcando en la diáspora, distan un poco de las prioridades de los armenios que habitan esas sagradas tierras.

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Son tantas las palabras, que me inunda la impulsividad y quiero tirarlas todas sobre la hoja, como un collage de ideas y sentimientos.  En mi collage está el país de mis abuelos, la gente de Armenia, mi familia, mis amigos, los amigos que hice en esta travesía, los sabores, los aromas, los sonidos, los niños, las plazas, las fuentes y los bebederos, las vacas en las rutas, las marshutkas y las vivencias en su interior, las montañas…

Me alegré, me emocioné hasta las (¡muchas!) lágrimas, me enojé, me frustré. Sonreí, siempre sonreí a pesar de la situación.

No hay momento en que un pensamiento acerca de mi experiencia de voluntariado en Armenia a través de Birthright Armenia no me robe una sonrisa…

¡Volveré! No sé cuándo, pero algo me dice que volveré.

¿Me acompañás?

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