Mis conocimientos del idioma armenio y mi abuelo

Cristina Nerguizian
Uruguay, 2012
(For English, please scroll)

Mis conocimientos del idioma armenio y mi abuelo
A la memoria de mi abuelo, Coco…

Es cierto, no soy una experta en el idioma armenio. ¡Qué digo, ¿experta?! Ni siquiera soy un hablante de nivel básico, o tampoco soy capaz de leer  trabajos o notas periodísticas y muchísimo más lejos estoy aún de poder escribirlos.

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Sin embargo, el haber aprendido el idioma en mis meses como voluntaria de Birthright Armenia me ha enriquecido no sólo desde el punto de vista lingüístico, personal, y un largo etcétera, sino que me ha acercado a comprender sentimientos, costumbres, hábitos, que anteriormente veía con simpatía, bien de cerca, pero no llegaba a comprender en su más profunda esencia. El haberlo continuado desde casa a no hizo sino reforzar esta comprensión. A esto le sumo la parte práctica: tengo la capacidad de comunicarme rudimentariamente.

Puedo pecar de reiterativa con el tema, sin dudas tengo a más de uno bastante cansado de escucharme hablar sobre Armenia. Si, Birthright Armenia me dio muchas posibilidades que yo supe aprovechar, y por eso las comparto. Pero hay algo que tengo guardado conmigo que quiero compartir: mi experiencia al regreso, de intercambio con mis abuelos Coco y Alicia, y en particular, mi conexión con mi abuelo en sus últimos días.

Mientras el abuelo estuvo internado hablaba conmigo en armenio. Es más, no me respondía cuando le hablaba en español: “abuelo, ¿querés agua?…Agua, abuelo, dale, tomá un poquito…” y no se movía ni asentía. Hasta que en un momento le dije ya como último recurso, y como con insistente desesperación: “Abuelo, ջուր… մի քիչ… չես ուզում? ջուր?” y recibí su respuesta mediante su asentimiento. ¡Fue un logro!

También hablaba sobre el sanatorio y las enfermeras y estas por supuesto no lo entendían. Ese hecho nos transformó en cómplices  y nos transportó a una dimensión, a un lugar en el que estábamos sólo nosotros, y solamente por haber podido acompañarlo con mi complicidad, me hizo pensar en cómo valió la pena haber aprendido armenio. Fueron días difíciles y tristes también, pero estos recuerdos siempre me arrancan una sonrisa.

Y cuando llegó lo más triste, a pesar del dolor, sentí una paz y satisfacción al saber que él hubiera estado orgulloso de mí, porque las palabras que dijeron sobre su persona el Arzobispo y sus compañeros, mal o bien, las comprendí. Comprendí que fueron muchas las personas que vieron en él a ese hombre maravilloso, incansable trabajador, referente para muchos, incluida yo. Y todo lo dijeron en Armenio, y yo lo comprendí. Sí, lo comprendí como pude.

Hoy Coco se volvió invisible, quizás esté tomando un oghí con más de uno por ahí ahora…

Sólo quiero compartir que, mi aprendizaje del idioma armenio fue más que un aumento de nomenclatura en mi cabeza… Me hizo mejor, porque me hizo más cercana a mis abuelos. Y de ellos sólo pueden surgir cosas buenas.

Montevideo, octubre de 2013.

My knowledge of the Armenian language and my grandfather

In memory of my grandfather, Coco …

Admittedly, I’m no expert in the Armenian language. What am I saying, what expert? I’m not even an entry level speaker, I can’t read journalistic work and I am very far away from being able to write fluently.

However, having learned to speak the language in my months as a volunteer with Birthright Armenia has enriched me not only from the point of view of grammar or vocabulary but I have come to understand feelings, customs, habits, that I previously viewed with sympathy, but did not understand in their deepest essence. To this I add the practical part: I have the ability to communicate on basic level.

I can be too repetitive with the subject and sometimes I am tired of hearing myself talking about Armenia. And if Birthright Armenia gave me all these opportunities, then these are meant to be shared. But there is something that I have kept with me and I want to share now: my experience of  return—the exchange with my grandparents, Coco and Alicia, and especially my connection with my grandfather on his last days.

My grandfather was determined to speak to me in Armenian. Thus, he did not respond when I spoke in Spanish. “Grandpa, do you want water? … Agua, abuelo, dale, tomá un poquito” and he wouldn’t move or nod. Then as my last resort and with insistent despair, I asked, “Պապիկ, ջուր … մի քիչ … չե՞ս ուզում: Ջու՞ր” and then I received his confirmation. It was an achievement!

He also spoke about the hospital and the nurses and most of these I could not understand. That time we were transported to a new dimension, to a place where it was just us. Being able to share my compassion, made ​​me think about how much having learned Armenian was worth. Those days were difficult and sad too, but these memories always bring tears and a smile.

And it was the saddest thing, despite the pain, I felt peace and satisfaction knowing that he would have been proud of me, because the words that the Archbishop and his companions said about him, rightly or wrongly, I could understand. I understood that, like me, there were many people who saw him as that wonderful man, a tireless worker. And everything was said in Armenian, and I understood. I understood as I could.

Today Coco has become invisible…

Just want to share that learning the Armenian language for me is more than new words in my head… It is a bigger thing, because it made me closer to my grandparents. And of them only good things can arise.

Montevideo, October 2013.

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No más un cuento de hadas… Una realidad……

Image— Kevork Micael Nalbandyan,
Uruguay, 2012–13

Para los armenios que nacen en la diáspora dentro de una comunidad armenia la pregunta “¿Qué es Armenia?” es muy fácil de responder. Armenia es el Ararat, es el General Antranik, Kevork Chavush, Serop Ajpiur y todos sus fedaís. Es Gars, Sasún, Sepastia, Mush, Van,  Alashgerd  y Ardahan, son el millón y medio de mártires de 1915. Es el Lehmeyun, kefte, humus, Dhol, zurna, duduk y bailar kochari.

Pero, ¿Qué es la Armenia actual?.  Ah, la Armenia actual es el Lago Sevan, el Dzidzernakapert, Hor Virap, Mer taghe, la ópera y la plaza de la república, un lugar para pasarla bien.

Ir a Armenia fue algo que siempre tuve en mente. Sabía que algún día iba a ir, aunque sea a participar del campamento Hama-homenetmenagan de scouts que se hace una vez cada cuatro años. Pero por febrero de 2012, un amigo me hizo recordar la posibilidad de ir a través de Depi Hayk (Birthright Armenia) y estar en Armenia un par de meses como voluntario. Luego de unos meses y de varias charlas con amigos que ya habían participado del programa, tome la decisión. Es así que un día sin pensarlo demasiado, me senté en la computadora y llené los formularios de la página de Depi Hayk. Casi sin darme cuenta el 24 de Mayo de 2012 estaba sentado en un avión rumbo a Yerevan.

De esta forma desembarqué en una gran aventura que en un principio iba a ser de 3 meses y terminó siendo de casi 8. Es que cuando uno está ahí no puede dejar de absorber cosas y nunca es suficiente.

Mi experiencia cuenta de al menos dos grandes etapas: la primera en Gyumrí y la segunda en Yerevan.

Al llegar a Armenia me sucedió algo muy raro, sentí como que no hubiera llegado a ningún lugar especial. Esa sensación de extranjero o de turista no la sentí en ningún momento de los 8 meses. Desde un primer momento sentí como si toda mi vida hubiera vivido ahí, fue algo muy extraño pero muy lindo a la vez.

Gyumrí…

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A los pocos días de llegar me llevaron a Gyumrí. Ésta es la segunda ciudad en importancia de Armenia, queda al noroeste cerca de la frontera con Turquía.

La experiencia en esta ciudad fue increíble por la sencillez de su gente, su amabilidad y su hospitalidad. Los voluntarios que conocí allí nunca los voy a olvidar, varios de ellos son grandes amigos míos ahora. Nunca olvidaré los momentos compartidos en los viajes en mashutka o tren a Yerevan, los atardeceres que veíamos al final de la calle Paruyr Sevak, las tardes de guitarreada compartiendo historias y unos oghi. Tener la oportunidad de charlar con la familia que te alberga, escuchar sus anécdotas, sus experiencias y la forma en la que ellos ven a Armenia. Es difícil mencionar una anécdota en particular el conjunto de todo lo que hacíamos ahí lo hizo especial.

Yerevan…

A partir del cuarto mes me radiqué en Yerevan, y puedo decir que es una experiencia totalmente diferente a Gyumrí. 

Está muy bueno estar en la capital. Continue reading

Retrospección y sonrisas

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Cristina Nerguizian
(Uruguay, ’12)

Pasaron ya dos meses desde que regresé a Uruguay,  y sigo sin poder enfrentarme al teclado de la computadora… Lo veo, lo utilizo, pero no puedo darle la orden de escribir acerca de mis impresiones sobre mi experiencia. Le huyo. Son tantas cosas que no sé por dónde empezar.

Es extraño, cuando tuve mi última conversación con Seván, director de Birthright Armenia en Ereván, le dije con seguridad que escribiría algo para el blog. Tan segura estaba, como inspirada. Es  que Armenia le dio rienda suelta a mi capacidad de expresión. Ahora, en el regreso a la rutina, todo cambia.

Si trato de comprender todo lo que viví como voluntaria en la Madre Patria, me quedan cabos sueltos sin unir. No hay que comprenderlo todo, hay que sentirlo y dejarlo ser. Así viví los tres meses de voluntariado, y así mi vida comenzó a desarrollarse luego.

Mi vida en la casa de Marianna y Hasmik estuvo llena de amor. No se limitaron a cumplir con lo que “debían” respecto a mi estadía allí. Todo fue desbordado de buena voluntad, cuidados como si fuera una más, y MUCHO amor. Entendí el porqué de muchas cosas.

Mi trabajo en Homeland Handicrafts me llenó de satisfacciones no solamente a nivel profesional sino a nivel humano. Conocí maravillosos seres humanos como las artesanas de varios pueblos, voluntarios de otras organizaciones, trabajé sumamente a gusto en equipo con Anita, voluntaria de Birthright Armenia y AVC como yo. Conocí a David, una caja de sorpresas! Nos comunicamos en “hai-nglerén”, y así y todo, pudimos entendernos. Tuve el privilegio de cruzarme en la vida con Tim, un “no armenio” más armenio que muchísimos “ian”. Toda esta gente tiene un móvil muy fuerte, la voluntad y el amor por Armenia, y la creencia de que un mundo mejor es posible.

¿El idioma? Fui sabiendo MUY poco, lo básico necesario para comunicarse con alguien. Sin embargo no solamente las clases de idioma armenio con Lusiné fueron sumamente enriquecedoras, sino mis charlas internacionales con mi familia, los voluntarios, el maravilloso staff de Birthright Armenia. ¡Y gracias a todo por su paciencia!

Respecto al idioma, siempre me enojé con aquellos que se creían “más armenios” por hablarlo, y sostenía que no era así. Sigo sosteniéndolo. Pero que te acerca, te acerca. Cuando me preguntaron cómo iba a seguir involucrada con la armenidad, contesté varias cosas, varios planes que tenía y sigo teniendo, y ya he empezado a poner en práctica. Pero la más importante y más simple de las respuestas fue: seguir estudiando armenio. Así es que, al día siguiente de mi arribo, ya estaba tomando lecciones. ¡Me siento muy motivada!

Conocer Artsaj me marcó para siempre. No sólo su tierra, sino la historia que conlleva. La historia que está transmitida por la gente, y que está escrita en la piedra, en las montañas. La valentía de este pueblo se respira por ahí. Shushí resultó lo que me había descrito una gran amiga. No hay vuelta atrás en mi ser, soy otra después de Artsaj. Y como si fuera poco, dudé por un momento si regresar. Es que ya había ido. Alguien que amo me dijo que no había lugar para la duda en estas circunstancias, así que volví a Artsaj. No fue un error. Una, dos y mil veces más.

Estar en contacto con voluntarios de otras partes del mundo, me hizo ver las distintas realidades de las colectividades armenias de la diáspora. Reforzó mi compromiso en distintos aspectos.

Y estar en contacto con la gente de Armenia me hizo ver, comprender, que las prioridades que nos hemos ido marcando en la diáspora, distan un poco de las prioridades de los armenios que habitan esas sagradas tierras.

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Son tantas las palabras, que me inunda la impulsividad y quiero tirarlas todas sobre la hoja, como un collage de ideas y sentimientos.  En mi collage está el país de mis abuelos, la gente de Armenia, mi familia, mis amigos, los amigos que hice en esta travesía, los sabores, los aromas, los sonidos, los niños, las plazas, las fuentes y los bebederos, las vacas en las rutas, las marshutkas y las vivencias en su interior, las montañas…

Me alegré, me emocioné hasta las (¡muchas!) lágrimas, me enojé, me frustré. Sonreí, siempre sonreí a pesar de la situación.

No hay momento en que un pensamiento acerca de mi experiencia de voluntariado en Armenia a través de Birthright Armenia no me robe una sonrisa…

¡Volveré! No sé cuándo, pero algo me dice que volveré.

¿Me acompañás?

Armenia en la piel y en el corazón

María José Karamanian
(Buenos Aires, Argentina)

Աշխարհ անցիրԱրարատի նման ճերմակ գագաթ չկայ
Որպէս անհաս փառքի ճամբայ ես իմ Մասիս սարն եմ սիրում:
Llegué a Armenia un 29 de marzo colmada de expectativas.

La experiencia de viajar a través de Birthright Armenia me intrigaba y, si bien me habían contado de qué se trataba, quería experimentar yo misma el compartir el día a día con una familia armenia, realizar el trabajo voluntario en los hospitales que me habían asignado y conocer a voluntarios de distintas partes del mundo.

Viví dos meses en Yerevan con la familia Tadevosyan, y trabajé en el Hospital Universitario Muratsan; y un mes en Gyumrí con la familia Agimyan y trabajé en Akhourian Mother and Child Health Center.

Fueron los mejores tres meses que viví en mis cortos veinticinco años.

Fue sentir Armenia, tocarla, respirarla, bailarla, cantarla, vivirla…

Fue conocer a un pueblo que es servicial, hospitalario y cálido.

Fue vivir con dos familias que hicieron sentirme tan cómoda y tan querida, que hoy en día me siento parte de ellos y ocupan un gran lugar en mi corazón.

Fue trabajar en dos hospitales rodeada de un grupo humano y profesional excelentes, siempre predispuestos a enseñarme y a responder mis dudas. Con quienes no sólo compartí el trabajo, sino también el tiempo libre.

Fue conocer a voluntarios de todo el mundo y si bien, todos tenemos distintos estilos de vida, estamos agrupados bajo el “ser armenio”, y eso nos sobra para entendernos.

Fue aprender más sobre Armenia, su cultura, su gente y su idioma; siempre poniéndome en su lugar y no viéndolos desde la ventana de un hotel.

Fue cultivar amistades con personas de distintos lugares, que de otra forma jamás hubiera tenido la posibilidad de conocer.

Fue afirmar y acrecentar el gran amor que tengo por esta, mi tierra. Y también fue una inyección de emoción y compromiso.

Fue llenarme de una mezcla de sentimientos que al principio resultaron raros, pero que ahora hacen que no vea la hora de volver a pisar el suelo armenio.

Definitivamente, creo que la mejor manera para todos los jóvenes armenios de conocer nuestra «Մայր Հայաստան», es a través de Birthright Armenia.

Porque nos da la posibilidad de tener a Armenia al alcance de la mano, de conocerla, de vivir nuestra propia experiencia y crear nuestra propia opinión. Nos da el regalo de llevarnos a Armenia en la piel y en el corazón.

Llegué a Armenia sabiendo que tres meses después volvía a Argentina y hoy vuelvo pero dejo mi corazón allá, y espero impaciente que nos volvamos a encontrar.

Nel mezzo del cammin di nostra visita…

Cristina Nerguizian
(Uruguay)

Estoy a mitad de camino. Un mes y medio en Armenia.

Cuando me “obligo” a escribir, no me sale. Cuando viene solo, no puedo contener el impulso verborrágico y doy rienda suelta a mi lápiz o teclado.

Estoy a mitad del camino de mi viaje. Cada día en Armenia es distinto y único. A pesar de venir todos los días a trabajar, y tener clases dos veces por semana, la rutina aquí no existe.  Cada situación se torna una gran historia por contar. Cada rincón es ideal para una gran fotografía.

Y miro hacia atrás. Veo que muchas cosas han pasado y trato de explicarme cómo llegué hasta aquí. Oportunidades. Nadie te las lleva hasta la puerta de tu casa. Hay que salir a buscarlas. Entonces: estoy aquí gracias a varias personas; si, pero también estoy aquí gracias a mí misma. No temo en pecar de egoísta, porque estoy convencida de esto.

Un mes y medio es mucho tiempo para muchas cosas. Para mí, ésto recién empieza. Y estoy segura de que no me voy a dar cuenta, y de repente, me voy a estar yendo. Pero no me asusta ni me entristece. Hace menos de un año cuando vine, creí que pasaría mucho tiempo hasta que volviera a Armenia, o que no podría volver.  Hoy estoy convencida de que varias serán las veces que la vida me permita volver a casa. Cuando llegué, vi el cartel en el aeropuerto: “parí veratardz”. Me pareció lindo, aunque simplemente poético, y nada más. Ahora, a la mitad del camino, me doy cuenta de que es cierto.

Armenia me atrapó. Ahora no puedo evitar desear volver. ¡Y ni siquiera me fui!